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domingo, 24 de abril de 2016

Si ella hubiera nacido hombre... #altamiraedu


De los tres hijos de la familia Sanz de Sautuola solo sobrevive María Justina, una niña sobre la que hemos logrado encontrar muy pocos datos a pesar de ser la protagonista de uno de los hallazgos más importantes de la arqueología española. Cuando María tiene nueve años descubre de forma casual una manada de bueyes pintados en el techo de la cueva que su padre está explorando en Altamira. La escena forma parte de lo que luego se ha dado en llamar la Capilla Sixtina del arte prehistórico.

María ha crecido en un ambiente culto, en una casa con una gran biblioteca y con un padre que, convencido del poder de la ciencia, salta muros, derriba paredes, y busca el conocimiento allá donde se encuentra. Investiga, contrasta, cuestiona...

A María muchas de nosotras la hemos conocido siendo protagonista de la película Altamira. Una película en la que se nos presenta como una niña inquieta y curiosa que contagiada por el espíritu científico de su padre se hace todo tipo de preguntas sobre la realidad que la rodea. Pero María, además de acompañar a su padre en sus aventuras arqueológicas tiene una madre muy preocupada por su educación. Una mujer que, podemos imaginar, se ocupa también de que su hija aprenda a leer, escribir, sumar y restar, tocar música, además de mostrarle cómo deben comportarse las mujeres en sociedad.

A pesar del interés científico que le empuja a buscar la verdad, en su tránsito hacia la vida adulta la niña María es víctima de la época en la que le toca vivir y como muchas otras mujeres interesadas en el conocimiento es apartada del mismo y abocada al papel social de la reproducción y de los cuidados familiares. María, de hija curiosa pasa a ser madre amorosa, cumpliendo así con su destino y robando a la ciencia y al progreso de la humanidad una mente brillante, llena de inquietud y ávida de saberes.

Si María hubiera nacido hombre sería fácil encontrar datos sobre su biografía, porque probablemente habría seguido los pasos de su padre y habría continuado la investigación que Marcelino dejó inconclusa. Y seguro que en la biblioteca de la casa habría realizado más de un encuentro con otros hombres científicos con los que habría visitado la cueva de Altamira.


Si María hubiera sido Mario, después de acompañar a su padre en sus aventuras arqueológicas habría saltado muros, derribado paredes, y buscado el conocimiento allá donde se encontraba. Habría investigado, contrastado, cuestionado para dar respuesta a todas las preguntas que continuamente se hacía sobre la realidad que le rodeaba. Y su madre, preocupada por la educación de su hijo, habría aceptado su interés científico y le habría enviado a estudiar a alguna de las universidades del país para que se convirtiera en un profesional de la ciencia.


Pero si María hubiera nacido mujer y lo hubiese hecho en nuestra época, hubiera tenido la suerte de poderse zafar de su destino único de madre y ama de casa. Hubiera ido a la escuela, al instituto, e incluso podría haber accedido a la Universidad donde habría estudiado una carrera.

Si María hubiera nacido en este siglo, habría muchas posibilidades de que se hubiese interesado por la ciencia y la tecnología, el arte, la religión, la filosofía... y hubiera sido muy interesante que, influenciada por su espíritu curioso, hubiera decidido a dedicarse a una profesión mágica cuyo principal objetivo es despertar en las personas más jóvenes el interés por el conocimiento.

Porque el mundo de la educación necesita muchos maestros y maestras preguntones


Inspirado en el texto de Eduardo Galeano "Si el hubiera nacido mujer"

Esta entrada se ha publicado con anterioridad en el blog Altamira

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