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domingo, 11 de enero de 2015

"Descubriendo a los Robinson"

Ayer toco cine en familia. En la tele pasaban la película "Descubriendo a los Robinson" y mi hija, aunque ya la ha visto varias veces, nos convocó a su padre ya mi delante del televisor.
La película tiene como protagonista a Lewis un huérfano de doce años con mucha imaginación que dedica gran parte de su tiempo a pensar (e intentar dar forma a) a sus ingeniosos inventos. Decepcionado por no encontrar una familia adoptiva decide inventar un escáner de memoria, una máquina que le servirá para encontrar el recuerdo de su madre biológica e iniciar así su búsqueda. El día de la presentación del invento en la Feria de la Ciencia del colegio, Lewis conoce a Wilbur un adolescente que asegura venir del futuro y con el que se embarcará en un viaje en el tiempo en el que conocerá a los Robinson, una familia bastante extravagante. Con ella vivirá toda una una serie de peripecias tratando de recuperar su invento que ha sido robado por el malvado Boyler Hat Guy y su sombrero Doris.

La película, llena de personajes locos y divertidos, es toda un reflexión sobre el esfuerzo, la voluntad y el optimismo. La forma en la que los personajes de la trama asumen el fracaso y el lema que los guía "Sigue siempre adelante" nos remite al tan conocido pero (ultimamente) tan poco valorado dicho popular "De los errores se aprende". El momento más entrañable de la película llega con la reacción de la familia Robinson ante un experimento fallido que realiza Lewis.



Si los docentes fuéramos capaces de reaccionar a la manera de los Robinson ante los errores (en los exámenes, en los trabajos, en las intervenciones en el aula, en las relaciones con sus compañeros...) de nuestro alumnado, los jóvenes aprenderían a integrar el fracaso como parte fundamental de su proceso de formación. Y esos profesores y profesoras existen...
El entusiasmo con que los miembros de la familia Robinson acogen la experiencia del error como puerta para el aprendizaje me lleva a pensar en todos esos compañeros y compañeras que dedican gran parte de sus tiempo y energía a generar espacios amables en los que el fracaso forme parte de la experiencia educativa. Docentes que investigan, ponen en práctica nuevas formas de trabajar (le llaman nuevas metodologías aunque muchas de ellas son ya muy viejas y fueron abandonadas en el camino por no sabemos muy bien qué extraña razón) y se arriesgan a equivocarse logrando la mayoría de las veces el reconocimiento de su público más crítico, sus alumnos y alumnas.